Las siguientes tres horas y media de clases no fueron simplemente un trámite académico; fueron una prueba de resistencia psicológica de baja intensidad pero alta fricción. Para Nant, quien usualmente devoraba los conocimientos de su Maestría en Administración de Negocios con una avidez intelectual genuina, la sesión de esa tarde se convirtió en una tortura irónica.
El profesor, un hombre de edad avanzada que se jactaba de haber sido consultor en los años noventa, proyectaba diapositivas intermi