El ruido ambiente de la cafetería universitaria era una cacofonía de risas juveniles, tintineo de tazas de cerámica barata y el zumbido constante de las máquinas de espresso trabajando a marcha forzada. Para la mayoría de los estudiantes allí presentes, ese martes era solo otro día de entregas de proyectos, chismes sobre profesores y romances pasajeros. Pero en una mesa apartada, cerca del ventanal que daba a los jardines del campus, la atmósfera era tan densa que parecía haber sido transportad