El agua tibia había obrado su magia. Al salir de la regadera, Nant se sintió revitalizada. El cansancio del viaje, la tensión acumulada desde su llegada y la incomodidad del entorno desconocido se habían disipado en parte, aunque la preocupación por Yago seguía latente, aferrada a ella como una sombra persistente. Se envolvió en una toalla suave, agradecida por el momento de calma y por la claridad mental que traía consigo.
Su primera acción fue buscar el teléfono. Necesitaba asegurarse de que