Eran las 4:00 de la madrugada cuando los faros del Mustang cortaron la bruma salina de Boca del Río. Yago del Castillo detuvo el vehículo frente a su residencia en el exclusivo fraccionamiento de Puerto Esmeralda. La casa era una declaración de principios: una estructura minimalista de lujo, con líneas rectas y puras, amplios ventanales de piso a techo que miraban desafiantes al Golfo de México, y un diseño contemporáneo que contrastaba con el caos emocional que él traía dentro.
El camino de en