Mientras el Gobernador Cuitláhuac García se despedía de los comensales y los flashes de las cámaras comenzaban a dispersarse, la maquinaria invisible de Yago del Castillo operaba a una velocidad vertiginosa.
En la Ciudad de México, su secretaria privada había cruzado bases de datos bancarias, registros del buró de crédito y actas notariales en tiempo récord. El informe llegó encriptado al teléfono de Carlos, quien seguía en la periferia de la reunión, listo para ejecutar la última orden.
Carlos