La reunión en el Gran Café de la Parroquia seguía su curso. El Gobernador Cuitláhuac García explicaba con vehemencia los planos de las nuevas vialidades que conectarían la zona portuaria con la autopista, mientras los alcaldes de la zona conurbada asentían, calculando el capital político que estas obras les traerían. Los flashes de los fotógrafos habían disminuido, pero la atmósfera seguía cargada de poder oficial.
Yago del Castillo mantenía su máscara de interés corporativo impecable, asintien