La asistente personal de Alina Del Castillo (antes de la Vega) había salido de la oficina, llevándose consigo la orden verbal de iniciar la cacería de información. La puerta se había cerrado, y el silencio volvió a reclamar el despacho del piso 50.
Sin embargo, para una mente como la de Alina, una orden verbal, aunque poderosa, siempre dejaba un margen de error. En el mundo de KORALVEGA, donde las acciones subían y bajaban por un rumor mal colocado y donde la lealtad se medía en milisegundos, l