La noticia del escándalo de CIRSA y Yago, con Belem como la voz acusadora, había golpeado a Nant y a su familia con la fuerza de un huracán. En la sala de su casa en Puebla, el televisor seguía proyectando imágenes de Yago y los titulares sensacionalistas, mientras la voz de Belem, ahora familiar y repulsiva, resonaba en el aire. Clara, con el rostro endurecido por la preocupación, observaba a su hija. Había visto la palidez en el rostro de Nant, la forma en que sus manos temblaban ligeramente