Esa misma noche, después de la cena de sushi y los intentos, más o menos exitosos, de Yago por aliviar la tensión, el departamento de Puerto Esmeralda comenzó a sumergirse en la calma del anochecer. Las luces de la ciudad de Veracruz titilaban a lo lejos, reflejándose en el agua oscura del golfo. Clara ayudó a Emilia a prepararse para dormir en una de las habitaciones de invitados, mientras Nant y Yago conversaban en la sala, sus voces un murmullo suave. La jornada había sido agotadora, emocion