El aire en el lobby del hotel se había vuelto tangible, pesado de una tensión que solo Yago y Theresia parecían capaces de generar con su mera presencia. Theresia, con su mirada de acero fija en Nant, había detenido su avance abruptamente. Su sonrisa, apenas una leve y fugaz contracción de los labios, era un enigmático sello de su complejidad. No era una sonrisa de alegría, sino una de profunda evaluación. Finalmente, su mirada se apartó de Nant y se posó en Yago.
—Que me hayas llamado tan temp