El sonido del despertador de Yago había cortado el silencio del amanecer como un bisturí, marcando el inicio de su día con una precisión inquebrantable. Mientras Nant permanecía en la cama, su mente en un torbellino de posibilidades y temores, Yago ya estaba en movimiento. Se deslizó fuera de las sábanas de seda con una agilidad sorprendente, su cuerpo tonificado y disciplinado respondiendo al llamado de la rutina. Sin un solo gruñido o signo de somnolencia, se dirigió directamente al baño de l