La pregunta de Yago, tan directa y con ese toque de burla fraternal, había puesto a Joren y a Eunice de lleno en el centro de atención. El silencio que siguió, solo roto por el murmullo ambiental del restaurante, se estiró apenas unos segundos, pero para Eunice pareció una eternidad. Sin embargo, en lugar de hundirse en la vergüenza, algo cambió en ella. La seguridad que había ganado a lo largo de la noche, producto de su creciente comprensión del mundo Castillo y la tranquilidad que le había i