La presión juguetona de Yago, esa mezcla de burla fraternal y de un impulso sutil hacia el compromiso, había dejado su marca en el rostro de Joren. Con una sonrisa resignada, pero teñida de una genuina diversión, Joren finalizó el pago de la cuenta. Deslizó la tarjeta de crédito en el lector con un gesto familiar, firmó el recibo y observó cómo el mesero se retiraba con la libreta, el sonido de sus pasos amortiguado por la suave alfombra del restaurante. Joren no pudo evitar un ligero silbido c