La camioneta de lujo se detuvo frente a la casa de Nant, una residencia cómoda pero modesta en comparación con la opulencia del Palacio de Cristal y la mansión de los Castillo. La emoción de las compras y el alivio de la puntualidad se encontraron de golpe con una presencia inesperada en la entrada: el padre de Nant. Su rostro, habitualmente sereno, estaba ahora surcado por una expresión de molestia y visible incomodidad. La presencia del imponente vehículo y la ausencia prolongada de su famili