El aire acondicionado del Palacio de Cristal acariciaba la piel como una brisa medida, cargada con el aroma sutil de perfumes caros y mármol pulido. Nant, su madre y su hermana menor caminaban despacio por los pasillos amplios, flanqueadas por vitrinas que brillaban con luces blancas y exactas, como si cada prenda fuera una obra de arte en exhibición. Aquel lugar no era solo un centro comercial: era un santuario del lujo, donde la ropa no solo se vendía, sino que se interpretaba como una declar