El elegante y frío comedor, donde las sombras de los Castillo acechaban, se desvaneció por completo de la mente de Joren. Ahora, el único mundo que existía era el santuario de su habitación en Puebla y la calidez envolvente de Eunice. Sus palabras, cargadas de la esperanza de una "humanidad" oculta en Yago, encontraron un eco en el corazón de ella. Eunice, con su sabiduría innata y su capacidad para ver más allá de las superficies, escuchó cada matiz, sintiendo la vulnerabilidad de Joren y la d