La calidez del abrazo de Eunice era el único bálsamo que Joren conocía en su complicada vida. Recostado junto a ella en la oscuridad de su habitación en Puebla, el peso de su familia y las órdenes de Yago se aligeraban, permitiéndole desahogarse con la única persona en la que confiaba. La intimidad post-encuentro íntimo había abierto las compuertas de su frustración y sus ambiciones.
Esa noche, Eunice visitó la habitación de Joren, no solo para preguntarle cómo le había ido el día, sino también