Capitulo 31

Hong Kong nos recibió con un bofetón de humedad, olor a comida callejera y un resplandor de neón que hería los ojos. No nos alojamos en el Península; Dante nos consiguió un piso franco en los límites de Kowloon, un laberinto de cemento donde el ruido constante de los aires acondicionados servía como un sudario para nuestras conversaciones.

Elena estaba de pie frente a la ventana, observando el tráfico denso de Nathan Road. No se había movido en tres horas. Su postura era tan rígida que parecía
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