El mini-submarino cortaba las aguas del Mar de China como un proyectil silencioso. Dentro, el aire era escaso y denso, cargado con el olor a sal y el miedo residual. Mateo mantenía a Elena apretada contra su pecho, sintiendo el latido de su corazón, un ritmo que ahora sabía que estaba sincronizado con el suyo por un diseño macabro.
—Sujeto Cero —susurró Mateo, su voz apenas un hilo de aire—. Toda mi vida... las migrañas de niño, las pruebas médicas constantes, la obsesión de mi padre por mi lin