El viaje hacia el norte fue un borrón de asfalto mojado y tensión eléctrica. Atravesaron los Picos de Europa bajo una niebla tan densa que el mundo parecía haber desaparecido, dejando solo al quad y a la moto de nieve avanzando hacia lo desconocido. Elena conducía con una precisión sobrehumana, pero Mateo, sentado tras ella, sentía cómo su cuerpo temblaba. No era frío; era el miedo a que la mujer que lo sostenía fuera olvidando su nombre con cada kilómetro.
Llegaron a una casona de piedra escon