La noche en Madrid era larga, pero la tormenta que se gestaba en la torre de Valeriano Logistics era peor. Mateo caminaba de un lado a otro en la oficina de Elena, el sonido de su bastón golpeando el suelo era un metrónomo de ansiedad.
—Tiene contactos en la fiscalía, Elena. Si Alejandro envía ese sobre mañana a las ocho de la mañana, no habrá tiempo para un contraataque. Nos arrestarán en nuestras casas —dijo Mateo, deteniéndose frente a los monitores.
Elena, sin embargo, estaba sentada frente