Miranda observó su reflejo en el espejo del lavabo. Su apariencia era terrible: pálida, despeinada, y el olor a alcohol aún se percibía. Sabía que debía ducharse y cepillar sus dientes para recuperar la compostura, y lo hizo, aunque con movimientos lentos debido a la pesadez que el alcohol todavía dejaba en su sistema.
Bajo la enorme cascada de agua caliente, recordaba la expresión de Alec: la incredulidad, la molestia y la ira. Pero al mismo tiempo, no se arrepentía de nada. No le debía discul