340. UNA BRUJA SEDUCTORA EN MI CASTILLO
KATHERINE
La aprieto en mi mano, siento un cosquilleo, mi mente más fresca; las palabras se vierten como un río sin control.
Cierro los ojos y me concentro en ellas.
En la oscuridad de mi mente se prende una pequeña chispa, destellos dorados raros. Intento tomar el control sobre ellos.
¡Se mueven!
Danzan en mi consciencia como niños juguetones hechos de luz.
Se me ocurre algo loco; intento mover esa magia primordial siguiendo mi cuello hasta mi corazón y de ahí a las venas que se extienden por