305. ¡ESTÁS DESPEDIDA!
KATHERINE
Me quedé rígida por un momento sin saber qué responderle, los sentimientos chocaban con contradicción en mi pecho.
La alegría efusiva de conocerla, el nerviosismo de acercarme a ella, de cómo me trataría, si podría ganarme su amor perdido por más de 10 años, y ahora…
Ahora solo quedaba la amargura de ver a mi hija tratándome como su enemiga y una extraña.
—Yo soy tu madre, Lavinia, y solo quiero lo mejor para ti…
—¡Yo no tengo una madre, tú no tienes el derecho de llamarte así! ¡Ve