304. LA BIENVENIDA DE MI ESPOSO
KATHERINE
Los finos botines negros tocaron los adoquines del patio interior.
El corsé no me dejaba hacer movimientos bruscos; bajé tomando la mano del cochero como apoyo.
Intentaba no desviar la mirada a todos lados o mostrar asombro por la imponente edificación en piedras labradas blancas.
Era hermoso el castillo, lleno de detalles y lujos en cada esquina.
—Su señoría, bienvenida —una mujer con el cabello canoso estirado hacia atrás salió a saludarme con varias sirvientas.
Era el ama d