164. EN LAS REDES DEL VAMPIRO
NARRADORA
Apretándose el pecho, obligó a sus piernas cansadas y heridas a trabajar nuevamente; el rastro de sangre iba quedando a su paso, pero no se detenía ni siquiera para sanarse a sí misma.
Prefería enfrentarse a un lycan y morir rápido a quedarse aquí en este sitio.
La niebla comenzaba a levantarse por entre las tumbas como si tuviese vida propia, se arremolinaba bajo sus piernas, al igual que manos intentando sujetarla.
Laila corría aterrorizada, nunca había sentido tanto miedo en su vid