La tensión en el salón era tan densa que resultaba difícil respirar. Las copas chocaban suavemente, la música se había apagado y la gente ya no pretendía disfrutar de la fiesta, pues estaban viendo y esperando.
Jaden y Stanwell estaban a punto de enfrentarse ferozmente.
Los ojos de Stanwell no parpadeaban, sus manos se tensaban y mantenía los hombros derechos, como si estuviera a segundos de lanzar un golpe.
—Estás muerto, ¿me oyes? —rugió Stanwell, avanzando.
—Caballeros —una voz tranquila i