De vuelta en la casa de Martha, todos estaban a mitad de su comida cuando una voz fuerte se hizo oír desde afuera.
—¡Propietaria! Baje y recoja su pago.
Martha parpadeó y luego se dio un palmada en la frente diciendo: —¡Oh! Casi se me olvida. Hoy es día de pago —Se puso de pie y se secó las manos en el delantal—. Un momento, señores. Volveré pronto.
Salió y vio a dos personas paradas cerca del portón, uno era el señor Fredrick, un supervisor regordete que fumaba cigarrillos, con un vientre re