—Este lugar se ve de locos —murmuró Vane, con la voz tensa por la incomodidad—. Es lujosísimo. Seguro cuesta un ojo de la cara nada más sentarse.
Los tacones de Selena resonaron contra el inmaculado piso mientras le lanzaba una mirada seca a su padre.
—Es caro. Un plato sencillo aquí podría salir en decenas de miles de dólares.
Su tono era tranquilo, pragmático.
—Este no es solo un sitio para gente rica. Es para gente con conexiones. Si no tienes peso en esta ciudad, no perteneces aquí.
Nora tom