Vane y Nora se le quedaron viendo a su hija como si se hubiera vuelto loca.
—Selena, ¿de qué demonios estás hablando? —La voz de Nora temblaba de coraje e incredulidad.
—Mamá, no estoy loca —dijo Selena con voz firme y clara—. Sé exactamente lo que hago.
Miró hacia el pasillo, donde Mia estaba parada abrazando con fuerza a su conejo de peluche contra el pecho.
—Ya no es una bebé. Empieza a entender todo. Necesita a su papá. Aunque sea por un tiempo, déjenlo quedarse. Por favor.
Nora quiso respon