—Ahora muévete de aquí, o destrozaremos tu carro—rugió Bob, tranquéandose los nudillos.
La mandíbula del hombre que amenazaba se tensó y estaba listo para responder, pero uno de los muchachos de Bob le dio un golpe en el hombro con urgencia.
—Mira, Bob... es la chica. Está fuera.
Bob giró la cabeza, entrecerrando los ojos al ver a los estudiantes saliendo de las puertas de la escuela. El lugar estaba cada vez más lleno.
—Je. Eres un bastardo bastante afortunado —espetó, ajustando su cinturón