La motocicleta de la señorita Clara zigzagueó por los estrechos caminos hasta que el bullicioso mercado central se hizo visible. Vendedores llenaban ambos lados de la calle, gritando precios y agitando sus mercancías a los clientes que pasaban. El aroma de maíz asado, pescado frito y especias llenó el aire.
Clara no se detuvo hasta llegar al conocido puesto de la esquina: el puesto de carne de Marvin Hale.
Estacionó la moto y se volvió hacia Julie, que todavía parecía estar conmocionada.
—Ya l