La Mansión de los Thornfell estaba sumida en silencio. Jamás se había sentido una quietud así; tras recibir la noticia, todo parecía haberse hundido en la tierra.
Adentro, en el piso más alto del ala este, el grito de Agatha Thornfell destrozó la calma.
—¡No! ¡No, no, NO!
El vidrio estalló. Una lámpara se estrelló contra la pared, explotando en una lluvia de chispas. Almohadas rasgadas, marcos hechos pedazos, botellas de perfume reventando como granadas diminutas cargadas de desesperación.
Agat