El general Kaelus no suavizó el golpe. Habló con la gravedad de un juez que dicta una sentencia de muerte.
—Su nombre es Selena Verrick.
Esa familia. Jaden apretó la mandíbula. Los Verrick eran dinero viejo. Sangre real. Obsesionados con la reputación, obsesionados con el control. Cualquier desviación de su narrativa perfecta era borrada, ya fuera con silencio o con la fuerza.
Kaelus continuó:
—Después del incidente, la repudiaron. Sin juicio. Sin preguntas. La echaron como si fuera basura. A el