Agatha retrocedió temblando hasta que su espalda chocó contra la pared del pasillo. Respiraba con dificultad, el pecho se le agitaba violentamente.
—¡No... no, maldito! ¡Aléjate de mí! —chilló con los ojos desorbitados por el pánico.
Jaden avanzó despacio, con esa calma aterradora que eriza la piel.
—Mataste a mi madre hace diez años.
Su voz resonó en el pasillo como una sentencia. Cortante. Mesurada. Sin piedad.
—Enviaste a tus hombres tras de mí y de mi hermanita. Éramos unos niños, Agatha. ¡N