El caos se arremolinaba en la arena. La multitud seguía conmocionada por lo que acababa de presenciar: un solo nombre anunciado para dos familias rivales, un enfrentamiento imposible que rompía toda lógica de las Pruebas de Sangre. Pero detrás del telón del poder, las cosas se movían más rápido de lo que el ojo público podía percibir.
Dentro de la cubierta de mando del crucero, una lujosa sala de control acristalada con vista panorámica a la arena, Victor Rivers permanecía erguido, con los brazo