Mientras tanto, al otro lado del barco...
James avanzaba a tropezones por el pasillo, con una mano presionada contra su cara hinchada; el ardor de la patada de Hope aún estaba fresco. La mandíbula le palpitaba, pero su orgullo ardía con más intensidad.
—Maldita perra... me pateó... —siseó entre dientes, con la mirada encendida de humillación. Apretó los puños con fuerza—. Haré que te arrepientas de haberme conocido.
Perdido en su furia, James no se fijaba por dónde caminaba y chocó de hombro con