El salón permanecía en silencio mientras Brown Thornfell ocupaba el centro del escenario, con sus ojos agudos examinando los destrozos que Sombra había dejado a su paso: cadáveres esparcidos por el suelo, guardias aplastados como si fueran de papel y Fate temblando junto a su padre herido. Una sonrisa torcida apareció.
—Jajaja... los Thornfell —se rio Sombra, el Maestro Kendal, con una humildad poco común en él. Su actitud maníaca se había moderado, reemplazada por un respeto cauteloso—. No me a