Las lágrimas no dejaban de fluir de sus ojos, como un río que se desbordaba sin tregua. Nunca antes se había sentido tan triste, tan desolada. El pecho le dolía demasiado, como si una mano invisible se hundiera en su carne y apretara su corazón hasta pulverizarlo. Esto era demasiado para Brianna.
Había esperado tantos años… Construyó ilusiones, se guardó para él, se mantuvo intacta. Ni siquiera besó a otro hombre, porque en el fondo de su corazón siempre supo que Aidan era su alma gemela, su ot