Rory se agitó, también asustado, y soltó un gruñido desgarrador que trepó desde el pecho de Aidan. El cuerpo entero le vibró con esa furia animal, como si una corriente eléctrica le recorriera la espina. Había algo desconocido para los dos que los lastimaba desde dentro, una punzada que no sabían de dónde venía ni cómo aliviar.
«¿Enya es nuestra? ¿La lastimamos?», preguntó con voz áspera en su mente y Aidan no supo qué responderle. No encontraba las palabras para tranquilizar a Rory cuando ni si