El viento esa noche se sentía… extraño.
No más fuerte.
No más frío.
Simplemente extraño.
Estaba en el límite del territorio de Piedrasangre, justo más allá de las imponentes puertas negras, mirando fijamente la oscura extensión del bosque más allá.
Algo estaba allí.
Podía sentirlo.
No como los otros.
No como los licántropos, cuyas emociones ardían calientes y afiladas.
Tampoco como los lobos.
Esto era diferente.
Callado. Inmóvil.
Como un estanque profundo con algo peligroso acechando bajo la su