El sueño no llegaba fácilmente.
Cada vez que cerraba los ojos, la veía a ella.
Esos extraños ojos vacíos.
Esa sonrisa sabia.
"Lo romperás."
Me revolvía inquieta en la cama, las sábanas enredadas en mis piernas. La habitación estaba en silencio —demasiado silencio—, pero mi mente se negaba a estarlo.
Antigua.
Más antigua.
No solo una reina.
Las palabras daban vueltas sin fin en mi cabeza.
—¿Qué se supone que significa eso? —murmuré entre dientes.
El silencio me respondió.
Pero no por mucho tiemp