La explosión de luz que emanó del orbe dejó el templo sumido en un silencio abrumador. Los lobos de ambas manadas, paralizados por el impacto, observaban a Laila mientras su cuerpo brillaba con una intensidad que parecía provenir de los mismos dioses. Dentro de ella, Nyra, su loba interna, rugió con un poder renovado, fusionándose completamente con la esencia del orbe.
Amir, que se encontraba a unos pasos de su hermana, observó el cambio que ocurría en ella con una mezcla de admiración y temor.