El amanecer en Cuarto Creciente trajo consigo un aire de inquietud. Las conversaciones en voz baja entre los miembros de la manada, las miradas de desconfianza y los susurros apenas disimulados no pasaban desapercibidos para Raiden. Como Alfa, su deber era mantener la unidad y fortaleza de su manada, pero esta vez, la amenaza no venía de fuera: el peligro parecía estar germinando dentro de su propia familia.
Raiden estaba sentado en su despacho, con la luz del sol filtrándose por las ventanas d