La noche estaba envuelta en un silencio inquietante mientras Raiden invitaba a Laila a pasar a su despacho. El fuego en la chimenea lanzaba sombras danzantes sobre las paredes, reflejando el conflicto interno de ambos. Laila había pedido hablar con su padre, pero ahora que estaba frente a él, parecía dudar de sus palabras. Raiden, por su parte, estaba decidido a abordar las dudas que tanto lo atormentaban.
Raiden tomó asiento en su silla de madera tallada, mientras Laila permanecía de pie, con