Kael estaba sentado en su trono improvisado, una estructura rústica hecha de madera oscura y pieles, que dominaba el centro de la cueva donde su manada se refugiaba. La luz tenue de las antorchas proyectaba sombras danzantes en las paredes, reflejando la mezcla de poder y caos que emanaba de él. Su mirada estaba fija en el mapa extendido frente a él, pero su mente estaba ocupada con algo mucho más importante: Laila.
Kael había pasado años construyendo su nueva manada, pero sabía que su verdader