Mundo ficciónIniciar sesiónLa azotea era amplia y estaba desierta.
Sandra se apoyaba en la barandilla, mirando sin expresión la bulliciosa ciudad abajo. El cielo estaba bajo y gris, cargado de humedad. Los autos fluían sin fin por las avenidas. Las personas se movían como hormigas—ocupadas, insignificantes.
Para los lobos, todo aquello se sentía… distante.







