Bajo su mirada atenta, ella levantó la tetera.
Al acercarle la taza, su manga se deslizó ligeramente—dejando al descubierto unas marcas rojizas en su muñeca.
Ella no lo notó.
—Rafael, por favor.
Él no tomó la taza.
Su mirada se clavó en su muñeca.
Al segundo siguiente, le sujetó el brazo. Antes de que pudiera reaccionar, le subió la manga.
—R—Rafael—
Su protesta se cortó en seco.
La imagen congeló el aire.
Piel pálida, marcada por ronchas rojas, superpuestas unas sobre otras—imposibles de ignor