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—Te escupo. Eres tú quien es sucio, y aun así te atreves a culpar a mi hija. Steven, no tienes vergüenza —espetó Melinda con frialdad—. Escúchame bien: divórciate de ella como corresponde y lárgate de Reed Corp. Por los viejos tiempos, podría dejarlo pasar esta vez. Pero si sigues molestándola, no me culpes por ser despiadada.

—Je.<

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