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—Buenos días, cariño.

En cuanto Andrea abrió los ojos, vio a Samuel recostado contra el cabecero, mirándola con una sonrisa. La luz de la mañana delineaba sus facciones afiladas, suavizando la frialdad contenida que normalmente lo rodeaba.

Antes de que pudiera despertarse por completo, él inclinó la cabeza y capturó sus labios en un profundo beso matutino.

Las mejillas de Andrea se tiñeron de rojo al ins

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